jueves, 26 de julio de 2012

Qué es la mezcolanza, y para qué mierda existe.

A veces me da miedo escribir.
No dudo que sea algo bastante tonto, pero las cosas tontas que hacemos son probablemente las que más valor terminan teniendo para nosotros. Lo que pasa es que escribir es lo que más disfruto hacer, es esa  forma maravillosa de atrapar los pensamientos que se quieren escapar de mi cabeza para ponerlos ahí, bien claritos en el papel. Es... esa maquinaria mágica, que logra transformar una cosa invisible, abstracta, inexistente al menos para todo aquel que no viva en mi mente, en un elemento visible, incluso discutible, hasta lo que pareciera ser una descripción, (o tan solo un intento de ella) de la realidad. Me asombra, me vuelve loca, pensar en el poder que tiene escribir. 
Un hombrecito sin brazos ni piernas de verdad, con una cara desdibujada y un nombre otorgado por una persona que a veces hasta duda de su propia existencia, se vuelven reales con el mero hecho de pasarlos a una hoja, de convertir su esencia imaginaria en una acumulación de palabras. Palabras que se leen. Que se tocan con el dedo al pasarlo sobre el papel. Que se pueden tachar. Porque antes el hombrecito era intachable, ¿quién borra a alguien que no existe? Pero ahora es ficción, y puede aparecer y desaparecer en tanto y cuanto las letras que lo atan a los ojos de los lectores del mundo persistan, y no desaparezcan.
Es por eso que me da miedo escribir. Tanto poder en mis manos. Tanta posibilidad de creación, tan veloz, tan hermosa y aterradora. Me asusta hacerme la idea de que puedo darle un mal uso. ¿Qué si no se me ocurre nada, y desperdicio palabras, sacándole a unas pobres letritas todo el provecho que podrían haber tenido en otro párrafo mejor construido?
Pero aunque me dé miedo, escribir es para mí como algo que dice mi papá, que no sé si sacó de algún lado o lo pensó él, pero se aplica perfectamente a lo que quiero decir: "pinto, porque sino vomito". 
Y aunque yo no vomito (palabra tan poco estética, por cierto, pero tan efectiva en este caso), si no escribo, no sé qué pasaría con los pensamientos que crea mi cabeza, con los paisajes, con las posibilidades, con los hombrecitos que no quieren ser invisibles.
Es así que me pongo a atrapar a los personajes que se escapan por mis orejas, a las letras que buscan refugio, a esas creaciones que prefieren ser tiradas a la basura, antes que siquiera tocar la hoja de papel. Gracias a todas ellas, se forma esto, esta mezcolanza.



Y gracias a los ojos que la lean, el hombrecito se hace visible.
Ingrid.